domingo 27 de febrero de 2011

Soledad


A María Cristina Urra

"Diana, quiero a un hombre que me escriba poemas" me dice mi amiga María Cristina Urra instantáneamente y así de fácil con un mensaje de texto durante una tarde lluviosa. Qué peligroso y hermoso a la vez, pensé yo, pero siguieron llegando los instantáneos, "Me regalaron dos poemarios hoy... de Benedetti... son hermosos Diana..." Me imaginaba que los puntitos suspensivos de Mari eran similares a la gotas que caían sobre la calle que miraba, a pequeños recuerdos de mis propios poemarios de Benedetti en el estante de mi cuarto llenos de polvo, o las lágrimas, más que todo lágrimas, que no había dejado salir, o que habían escapado de manera exagerada (capaz no, creo que no) durante los últimos... quince días.

"Hay un poema que me recuerda a tí..." y pensé, Ay Dios mío, conociendo a mi amiga, uno debe prepararse para golpes directos en el corazón o en la yaga, daba lo mismo ahora, ya que mi corazón se ha vuelto toda una yaga gigantezca. María cristina es una de esas amigas que saben qué decirte y cuándo, o que, al menos, saben llegarte directo al corazón cuando más lo necesitas y cuándo menos lo pides, pero tenías que afrontarlo. Yo no quería afrontarlo así que quise distraerla diciéndole Busca un poema llamado No te salves... es una belleza Mari o también recordándole la película El lado oscuro del corazón, los poemas de Girondo y algunos de Vallejo... Digamos que lo intenté, pero nada pudo distraerla del misil que me mandaba "Se llama Soledad el poema, es demasiado tú, no sé, me recuerda muchísimo a cómo me has descrito tus sentimientos en estos momentos..."

aquí va el misil:

Ellos tienen razón

esa felicidad

al menos con mayúscula

no existe

ah pero si existiera con minúscula

sería semejante a nuestra breve

presoledad

después de la alegría viene la soledad

después de la plenitud viene la soledad

después del amor viene la soledad

ya sé que es una pobre deformación

pero lo cierto es que en ese durable minuto

uno se siente

solo en el mundo

sin asideros

sin pretextos

sin abrazos

sin rencores

sin las cosas que unen o separan

y en esa sola manera de estar solo

ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue

hay diez centímetros de silencio

entre tus manos y mis manos

una frontera de palabras no dichas

entre tus labios y mis labios

y algo que brilla así de triste

entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio

de nuestras soledades

se verá un largo y compacto imposible

un sencillo respeto por terceros o cuartos

ese percance de ser buena gente

después de la alegría

después de la plenitud

después del amor

viene la soledad

conforme

pero

qué vendrá después

de la soledad

a veces no me siento

tan solo

si imagino

mejor dicho si sé

que más allá de mi soledad

y de la tuya

otra vez estás vos

aunque sea preguntándote a solas

qué vendrá después

de la soledad.


Al terminar de leerlo entendí muchas cosas, sobretodo me dí cuenta que aunque ya era de noche y habían pasado muchos días y semanas... las gotas pues, seguían cayendo...


di.

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