
A María Cristina Urra
"Diana, quiero a un hombre que me escriba poemas" me dice mi amiga María Cristina Urra instantáneamente y así de fácil con un mensaje de texto durante una tarde lluviosa. Qué peligroso y hermoso a la vez, pensé yo, pero siguieron llegando los instantáneos, "Me regalaron dos poemarios hoy... de Benedetti... son hermosos Diana..." Me imaginaba que los puntitos suspensivos de Mari eran similares a la gotas que caían sobre la calle que miraba, a pequeños recuerdos de mis propios poemarios de Benedetti en el estante de mi cuarto llenos de polvo, o las lágrimas, más que todo lágrimas, que no había dejado salir, o que habían escapado de manera exagerada (capaz no, creo que no) durante los últimos... quince días.
"Hay un poema que me recuerda a tí..." y pensé, Ay Dios mío, conociendo a mi amiga, uno debe prepararse para golpes directos en el corazón o en la yaga, daba lo mismo ahora, ya que mi corazón se ha vuelto toda una yaga gigantezca. María cristina es una de esas amigas que saben qué decirte y cuándo, o que, al menos, saben llegarte directo al corazón cuando más lo necesitas y cuándo menos lo pides, pero tenías que afrontarlo. Yo no quería afrontarlo así que quise distraerla diciéndole Busca un poema llamado No te salves... es una belleza Mari o también recordándole la película El lado oscuro del corazón, los poemas de Girondo y algunos de Vallejo... Digamos que lo intenté, pero nada pudo distraerla del misil que me mandaba "Se llama Soledad el poema, es demasiado tú, no sé, me recuerda muchísimo a cómo me has descrito tus sentimientos en estos momentos..."
aquí va el misil:
Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
sería semejante a nuestra breve
presoledad
después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad
ya sé que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo
sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en esa sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo
los datos objetivos son como sigue
hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos
claro que la soledad no viene sola
si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se verá un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buena gente
después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad
conforme
pero
qué vendrá después
de la soledad
a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si sé
que más allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estás vos
aunque sea preguntándote a solas
qué vendrá después
de la soledad.
Al terminar de leerlo entendí muchas cosas, sobretodo me dí cuenta que aunque ya era de noche y habían pasado muchos días y semanas... las gotas pues, seguían cayendo...
di.
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